martes, 28 de septiembre de 2010

Correspondencia


Cid había pensado en escribirle a la señorita N. confesándole sus sentimientos de manera ordenada, enumerada, planificada y entendible, intentando que sus palabras fueran entonces irremediablemente convincentes. Pensó en la carta, pero no la escribió.
En el sobre, que probablemente sería en verdad una pequeña caja, habría varios textos estrechamente relacionados: uno o dos de ellos consistirían en juramentos de amor eterno como en las peores circunstancias se había acostumbrado a gritar; un texto explicativo describiría nuevamente los motivos de su naufragio, para luego concluir en apenas un resumen de sus mencionadas declaraciones amorosas; una simple hoja de amor paterno, como el amor que siente un creador por su creación, advertiría a la señorita de los peligros que debía evitar en su vida; consideraciones sobre sus deseos de felicidad hacia ella aún por encima del deseo de quietud para sus propios pensamientos ponderarían eficazmente sus prioridades; y demás artículos y anexos que no evitarían contradecirse unos con otros completarían la encomienda.
Cid era capaz de jurar a cuenta de su piel que el amor de la señorita N. era inagotable y perpetuo, apenas dos renglones después de reflexionar sobre las ideas y los modos libertinos y peligrosos de su enamorada, para concluir con convencimiento en que a pesar de estar él expuesto en extremo a la espera del sufrimiento más seguro y despiadado, sólo desviando las riendas del asunto hacia lugares seguros podría protegerla a ella de las oxidadas tijeras que él empuñaba torpemente y usaba sólo de manera involuntaria con sus infantiles movimientos.
No escribió la carta, pero estaba seguro que lo haría. Estaba convencido también de que no enviaría esa sino otra a la señorita N., y daba por sentado además que aunque él era el ser más indefenso a la vista, se arrancaría cada extremidad de suponer solamente que alguna de sus deterioradas garras pudiera rasguñar al indomable destino de su energía.
Deseaba arrepentirse de haberla encontrado, pero sólo deseaba.

1 comentario:

bar dijo...

Mi amor es simple, nuestro brillo sutíl y orgánico, sin astillas ni puntas de estrellas, más bien un sol esférico, radiante y eterno.