miércoles, 30 de septiembre de 2009

Cosa de Grises


Tus ventiscas balancean las ramas de los árboles cuando apenas se anuncia tu cercanía. Algunos te miran desafiantes y orgullosos, porque están seguros que ni siquiera con toda tu fuerza podrías herirlos demasiado. 
De esta porción, se distingue un grupo, no pequeño, que dejará en claro cuán injustificada es su arrogancia, pues irá cayendo más tarde o más temprano, con las consecuencias de tu movimiento, que te son indiferentes en absoluto. Otros, sin, embargo, gozarán de un destino completamente distinto, dedicándose a sucesos más significativos que tus regaños, que ni siquiera cercenarán una hoja en otoño. Sobre este grupo recae el soslayo general, no es un conjunto deseable en esta época del año. 
Luego están los pobres mendigos de la plaza, que no pueden evitarte (aunque algunos huirían gustosos a toda prisa), porque una plaza sin árboles no es cosa de este mundo; están arraigados a su obligación. 
Siguen los protegidos, hijos únicos, que son resguardados en sus casas, tras infranqueables muros que ofrecen seguridad física total…Ellos envidian mucho.
Al final de todos los males, y pasando por alto muchos tipos de desgraciados, están los grises. Los grises viven allí donde la temperatura casi no varía, ese microclima indeseable, isobárico, donde nunca se oyó hablar de anticiclones.
Es inocultable la curiosidad general sobre el motivo de ese lugar, al que no entraste ni entrarás nunca. Y nadie te espera más que los grises; pueden olerte a veces, o ver tus destrozos a la distancia, y no hacen más que desear que los elimines a ellos también, y en casi todos los casos ni siquiera con una herida hermosa, lenta y fatal, sino que se resignan a esperar un rayo único y veloz, que los ilumine un instante para luego poder secarse a tu partida, cuando tu gracia se lleve su aliento. 
Yo no me conformo, sueño con que un día, furiosa y altiva, me arranques de raíz y me eleves demasiado, despedazándome con tu fuerza desmedida en un escándalo que dure aún más que mis sentidos, mientras yo me regocijo en tus movimientos impredecibles y mortales. 

En ese momento realmente voy a sentir, y a llorar. Hasta entonces, o hasta que nos amemos en la plaza, llorar no es cosa de grises.

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viernes, 18 de septiembre de 2009

Intolerante


Me escapo de tu juicio. Porque lo presumo, se huele como la lluvia un día de calor.
Y no voy a hacer como esas buenas señoras, ni los hombres gordos y trabajadores que alargan sus pensamientos contaminantes más allá de su piel –que, para ser justo, no son sus pensamientos, son realmente inventos antiguos de algún individuo, más escuchado alguna vez de lo que su astucia pudo ameritar-. “Y mira quién me juzga, la que ‘tal cosa’”, interrumpe la belleza una de esas buenas señoras, ante la aprobación general de buena parte de las otras buenas señoras del barrio.
Recuperándose puede estar el día, quizás aún aspirando a un escalón notable de lo hermoso, cuando otra rama social antagónica a la mencionada produce un eco de vulgaridad, porque no se puede adjudicar la mediocridad solo a la gente que cree ser rica, los confesos pobres también gritan ser perfectos, únicos e irrepetibles.
Claro que pueden, todas estas personas, reconocer a seres semejantes, son ni más ni menos que quienes esbozan sonrisas simultáneas, expresando acuerdo con sus dictámenes y enfatizando ese acuerdo en los discursos donde más jugosa se sirve la discriminación.

Antes de interrumpirme, te contaba de mi escape. Así de sencillo es: me voy, me alejo de la guadaña oxidada que imparte justicia vidente; una justicia con vista nublada e incapaz de modificar su dirección, es cierto, pero técnicamente vidente; una justicia apostólica que desparrama descalificación ante la menor sospecha de subversión.

Adiós, entonces, me escapo aquí nomás, a un pasito de distancia, y miro con deseo de cambio cómo se te van acotando los espacios felices.


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martes, 21 de julio de 2009

De Júpiter y su Querido Asteroide


Alguna vez mezquiné mis órbitas, Querido Asteroide, pero ¿cómo no jactarme? Yo sabía, como todos, que siempre estarías allí, sos mío por definición. Aunque no me pertenezcas, aunque te comparta, sos mi compañero desde tu significado. ¿Cómo suceden los accidentes, Querido Asteroide? ¿Cuántas casualidades serán causantes, serán culpables?

Nuestra gravedad se ve afectada sobremanera, acaso vos buscaste el accidente, no lo se; acaso no te conformó en absoluto el soslayo que percibiste.

Ahora, con los sucesos ya asentados, opto por respetar tus nuevas trayectorias, esperando al menos que una colisión me traiga noticias de tu paradero.

Sigues ahí, destino de estima, pero ahora no sos más que un satélite de otro cuerpo, calco de otro satélite en lo inmenso. Te deseo cariño, Querido Asteroide, que recuerde al mío.

La ausencia de tu reflejo congela parte de mi superficie.



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jueves, 26 de marzo de 2009

Desierto


Mi aspecto perverso, mi lívido porno
Mi circulo abierto, mi tacto de oro
Tu espalda es un arpa, tus piernas un coro
Que tienen en mente hacérmelo todo.
Yo soy ese rayo que cayó del cielo
Que vino a quemarte hasta el mismo infierno
Vos sos el espacio que habitan tus miedos
Yo tengo coraje y tengo deseo

Quiero tu lado salvaje, no necesito palabras
Quiero sacarme las ropas, que no me sirven de nada
No soy turista del viaje, soy pasajero intranquilo
No me provoques ahora, tengo un cuchillo con filo
Y nada de lo que me digas, amor, va a sacarme de este
Desierto

Con látigo en mano, me siento indefenso
La rabia que escupo, se la lleva el viento
Hay gente que inspira, que come excremento
Hay gente que aspira la coca y el tiempo
Tu punto de vista, tu lado importante
Tu chumbo en la mano, sos un vigilante
Yo soy un espectro, soy un habitante
Un cuerpo y un alma, un lucro cesante

Voy a salir a la calle a deshacer mi destino
Que es bueno estar en la lona y equivocar el camino
Podés comprarte una casa, podés comprarte un asilo
Hay cosas que no se compran, vos sabes bien lo que digo
Y nada de lo que me digas, amor, va a sacarme de este
Desierto

La falsa utopía de un mundo perfecto
Se hundió hace unos días
En un baño infecto
Políticamente, decente y correcto
Sos un policía, sos como un insecto
Flotás tranquilo y seguro, alrededor de la mierda
Te veo andando derecho, resbalando por izquierda
No existe nadie que sepa, ninguna cosa en la tierra
Y si estás libre de dudas, tirá la primera piedra
Y nada de lo que digas, amor, va a sacarme de este
Desierto
Desierto... nena, estoy desierto, desierto...


Fito Paez

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